El anuncio del Gobierno de rebajar el límite de velocidad máxima en autopista de los 120 kilómetros por hora actuales a 110 sólo puede entenderse y, en consecuencia, ser apoyado, por su excepcionalidad y su provisionalidad. Las revueltas de los países árabes han disparado el precio del barril de petróleo, lo que encarece la factura energética española. Es, por tanto, una situación coyuntural. Es probable incluso que las exigencias económicas de España obliguen a ser pioneros en una medida que a muchos les va a costar digerir por entender que tiene un punto de demagógica. En Europa, los límites de velocidad máxima tan sólo van a ser más bajos en Noruega (90 km), e iguales en Dinamarca y Polonia (110 km). En el resto de los países están por encima e incluso en algunos no existen topes de velocidad marcados. Sin embargo, no se trata aquí de presuntas razones medioambientales –como ocurrió con los 80 kilómetros por hora en los accesos a Barcelona–, sino que se apela a la necesidad de un ahorro económico que en estos momentos resulta esencial para que España pueda afrontar la dura crisis y en el contexto de un país que se está apretando el cinturón en todos los ámbitos, desde las empresas hasta las administraciones. Sería deseable, no obstante, que el Ejecutivo concretara abiertamente que se trata de una medida para unos pocos meses –sin duda, se debe revertir antes de final de año y sería deseable que no se alargara más allá del verano–, en la confianza de que el precio de barril de Brent vuelva a bajar. Si no fuera así, el Gobierno debería buscar otras medidas para ahorrar los 1.400 millones que pretende, además de planificar una menor dependencia del petróleo a medio plazo.
La finalidad real de esta accion es la recaudar dinero mediante las multas, en Enero del 2012 sabremos cuanto ha recaudado el Gobierno por esta medida ¿ cuanto sera ?
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